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Una Hilera de políticos

10/06/2011

*publicado originalmente en http://puertoricoindie.com/

Yo supongo que esto ya es viral. Y no me sorprende. No sólo por lo que cuenta sino por algunos de los que comentan, a veces en dudoso español (no porque no sea dominguero sino porque no pertenece a ningún día de la semana). Como era de esperarse la historia se pone en duda. La susodicha víctima del susodicho acto provocó una situación no corroborable (porque no ofrece datos o porque sólo ofrece su lado de los hechos, dicen) por, entre otras cosas, montarse en un auto desconocido con gente desconocida. Básicamente, actitud de puta y, entonces, el “bájate de mi carro, puta” no queda tan fuera de lugar. El afán de feminismo (que según ciertos comentarios no es más que afán de protagonismo) lo que encierra es un deseo profundo de ridiculizar y destruir la carrera de un funcionario público, un hombre de política: Eduardo Hilera, asisente legislativo de Pedro Pierluisi, comisionado residente en Washington D.C.

Justamente, ahí quería llegar: al cargo público y político de Hilera. La sentencia de Hilera no deja de ser un “such is life” cualquiera, pero en español. Una sentencia que encierra un profundo pensamiento antidemocrático: aquél que vota no puede tener ningún tipo de opinión sobre el votado ni su gestión ni tampoco puede involucrarse en la gestión política más allá del voto cada cuatro años. El cargo político, una vez alcanzado, se cubre de una impunidad que le permite al que lo ejerce disparar a diestra y siniestra frases machistas, racistas, homofóbicas, etc. sin ningún tipo de consecuencia.

Porque estoy concenvida de que a Hilera le hubiese sido muy fácil adaptar la frase a su destinatario de haber sido otro. De modo que tendríamos variantes de tipo: “bájate de mi carro, negro (adjetivo opcional)” o “bájate de mi carro, pato (ídem lo del adjetivo)”. Sí, lo expuesto en el post de la traductora apesta a machismo y discrimen, pero también, a una pobre y deteriorada idea de hacer política y de qué significa ser funcionario público. Más bien, Hilera entiende que hay libertad plena para descartar cualquier oposición venga de quién venga; no hay un espacio para la contradicción: “mi gestión política es así y así te la tragas y, btw, such is life”. Entendida así la política, lo más fácil es mandar a bajar del carro y, así, mandar a callar.

Lo más irónico también es que la situación en el carro de Hilera reproduce, en parte, una dinámica política: el “bájate de mi carro, puta” que el Congreso estadounidense le suelta al Comisionado Residente (Pierluisi y anteriores) una y otra vez. Reproduce también la ironía del cargo: elegido democráticamente en la isla, va allende los mares (¡de domingo!) a gestionar de la forma más antidemocrática: sin voto. Lo que se le niega al Comisionado es lo mismo que se le niega a Yuyu, la traductora. Y esto es lo que la infortunada frase de Hilera esconde: una hilera de prejuicios y una hilera de políticos bajándose del carro.

La dama y el vagabundo

22/02/2011

El último eslabón de la cadena social es el sin techo. Si a eso le sumamos otras variantes como adicción a drogas o alcohol o enfermedad mental se crea el cóctel perfecto para el discrimen y el desamparo. En la limitada lista de luchas sociales y políticas que se han desatado más recientemente en Puerto Rico existe un límite (discursivo y práctico) que podemos identificar visualmente en los vagabundos. Las consignas en el movimiento estudiantil, en la defensa del Corredor del noreste y la oposición al gasoducto, en la denuncia ante los despidos masivos productos de la Ley 7 y en el reclamo por la creación de empleos, olvidan trágicamente lo que muchos ya han borrado (o directamente nunca han considerado): la existencia del vagabundo (incluyendo al “tecato”) y el abandono sociopolítico de este sector más hundido.

Muy recientemente, a pasos de la Alcaldía de San Juan y del Departamento de Estado la presencia de un sin techo era imposible de obviar. No sólo por el hecho de que, parado en una esquina de la calle, hablaba solo, y, más allá de la suciedad y desaliño, el hombre estaba cagado, bien cagado en los pantalones. A la vista y al olfato era evidente. Lo rodeaban, además, la basura y la mierda desparramada. Y justo en el momento en que pensé que otra civil se me había adelantado en procurar que el guardia de la Plaza de Armas llamase a la autoridad pertinente para recoger al hombre, asearlo y alimentarlo, escucho el reclamo de la civil (residente del Viejo San Juan) quien insiste en que la calle hay que limpiarla ante la inminente llegada de los turistas. Porque, en esta lógica aniquiladora, el hombre cagado asusta a la gringada y afea al paisaje; ensucia, además, las aceras sanjuaneras y contamina el ambiente con su olor a letrina. La idea de base del reclamo es que hay que desaparecer aquello que incomoda. Si existe un desprecio hacia el pobre en la frase “jodío cuponero”, para el vagabundo se reserva algo peor: no sólo el desprecio sino la convicción de que se trata de un estorbo a eliminar, de que realmente se puede priorizar la limpieza de la calle sobre el bienestar físico, mental, económico y social de un ser humano. Para quien hizo dicho reclamo, el vagabundo incide en su espacio porque lo violenta con su presencia y no porque visualiza dramáticamente la desigualdad social y económica que hay entre ellos. Entre el cagado y la civil encabronada hay un trecho infranqueable.

El problema estaba en la puerta, casi literalmente, del gobierno. Pero, contrario a las otras luchas, ésta no genera marchas, ni paros, ni huelgas, ni protestas masivas. De hecho, genera la protesta individual: “sáquenlo y limpien la calle”. Este desprecio y olvido son, entonces, la forma más contundente de ver que quizás todas esas luchas no son del todo inclusivas; que todavía quedan sectores más marginados y más desprotegidos que la clase estudiantil y que los desempleados. Hasta el momento, el hombre cagado no produce ruido en la sociedad, sólo peste.

WE DON’T NEED ANOTHER HERO (versión mejorada)

08/02/2011

(No fui yo; fue Primera Hora)

WE DON’T NEED ANOTHER HERO

08/02/2011

(No fui yo; fue Primera Hora)

PULSERA ESCARLATA

02/12/2010

No, ¿en serio? Esta es la gran idea de los noruegos que, déjenme recordarles, son el primer mundo. La idea es que las empleadas de la empresa-no-dice-su-nombre lleven pulseritas rojas durante esos días del mes en que te sientes más mujer y menos civilizada. De esta forma, “se justificarían sus constantes idas al sanitario, las cuales al ser reiteradas, afectan directamente a la productividad de la empresa”.

Y lejos de salir con un discurso feminista y de derechos humanos que diría que esto es una medida barbárica y retrógrada, voy a contribuir con la propuesta de pulseras. Es más, si les presento una Pandora con charms codificados por colores, por ahí me hago famosa y millonaria.

Bueh…aquí la lista

pulsera marrón: para los empleados que padecen de Chrohn’s Disease o para los que ese día comieron tacos mexicanos con jalapeños.

pulsera amarilla: para los empleados más viejos y/o usuarios de Depend.

pulsera verde: para los empleados con resaca (bueno, esto me hace pensar que no sé por qué siempre ponen el vómito de color verde).

Cada uno con su pulserita felices trabajando.  Y no sea imbécil…la próxima vez que vaya al baño, fíjese de qué color es la pulserita del que estuvo antes…le ahorrará un mal rato/olor/¿sabor?/etc.

 

PELAMBRERAS

27/11/2010

Hay algo que no soporto: los pelos. No que me gusten los calvos, ni que esté calva, ni que quiera ser calva. Me refiero a los pelos fuera de su respectivo lugar en el cuerpo: los pelos en el piso, los pelos en la almohada, el rollo de pelos en el drenaje de la bañera, los pelos en la comida (aunque me la coma igual, porque me la como igual.. es mayor el amor a la comida que el odio a los pelos)…los pelos sueltos.

Pero dentro del odio a los pelos hay uno que supera a los demás por ser lo más despreciable, deleznable y asqueroso del mundo mundial: el remolino de pelos en el suelo. Explico. El remolino de pelos es un fenómeno que ocurre cuando en un espacio semi cerrado por el cual circula el viento de forma sostenida se conglomeran todos los pelos de la habitación en un rinconcito siguiendo las directrices del viento y forman un remolinito que es como un nido de pelo (al que se le unen demás partículas). Dicho remolino de pelos se mantiene dando vueltas en la misma dirección y va aumentando de tamaño según el viento va juntando más mierda para agrandarlo. Una cosa semajante, para que se hagan una idea, es la bolsa de supermercado que da vueltas en el mismo eje, junto con las hojas secas, en la carretera que, por cierto, no es the most beautiful thing“. 

Pues lo de los pelos es lo mismo que lo de la bolsa pero en escala pequeña porque ocupa sólo un minúsculo pedacito de suelo. Pero ese minúsculo pedacito es suficiente para irritarme bastante.

El otro día estaba en la Universidad trabajando, tirada en el piso de la nueva Facultad de Generales. A mi derecha: la pared al fondo; a mi izquierda: un espacio abierto que dejaba entrar toda la brisa y toda la naturaleza. Como no sé mucho de ciencia no puedo explicar cómo pasa exactamente. Pero el vientecito ese de mierda entraba por mi izquierda y creaba como un tornado en mi esquina izquierda lo cual, a su vez, provocaba que absolutamente todos los pelos que los estudiantes, profesores y personal no docente perdieron en su paso por la Facultad, se juntara a mi lado izquierdo. Para colmo, el polvo se le unió a la maraña esa de pelo, creando un “efecto pegamento”. Es decir, el polvo hace que el pelo se mantenga unido y que la cosa esa crezca y crezca.

Yo luché incansablemente contra el remolino porque la cosa es que el maldito se me pegaba cada vez que el viento hacía su recorrido por el pasillo y yo me quería morir del asco. Lo más efectivo hubiese sido salirme de ahí y encontrar otro rincón, pero yo quería ese que tenía enchufe para la compu. Así que opté por apartar el esperpento ese con el zapato pero, claro, el viento cabrón lo traía otra vez. Intenté varias veces y nada. La asquerosidad ganó la batalla. Es verdad que contra la naturaleza no se puede luchar.

CINE DE TERROR

23/10/2010

Ahora que llega Halloween tricoltrí, olvídense del cine gore japonés y Wes Craven y John Carpenter.  Esta fue mi primera película de terror y todavía la recuerdo con espanto.  Tiene todos los elementos indispensables.

1.  Música (ojo al minuto 0:12 y el primer plano del guindalejo ese de los niños.  Uncanny por demás).

2.  Asesinato de una criatura inocente: Carmencita.

3.  Asesino macabro y monstruoso: Aedes aegypti (lo busqué en wikipedia, así que no digan que ese no es el nombre.  Allá Daniel Lugo si no lo sabe pronunciar).

4.  Casa embrujada:  la típica “bonita casa” que está poseída.

El departamento de Salud no está en nada ya.   Esas eran campañas educativas.  Todavía estoy buscando la antidrogas de los 80s y la otra que decía que el HIV no se pega con picada de mosquito.  (En esa no salía Daniel Lugo).

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