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EL ÚLTIMO SANS CULOTTE

06/08/2010

La primera (?) muestra de frugalidad la tuvo María Antonieta, la sans tête francesa, cuando dijo eso de las tortas, o los bizcochos o las magdalenas (ah no, ese fue Proust). Y, con todo y ser “frugal”, le hicieron mierda el cuello en la guillotina.

La más reciente muestra de civilización pre-Revolución francesa la tuvo El Nuevo Día con su nota sobre Carlos Slim de epíteto “el más rico del mundo”.

Para empezar, ¿qué mierda hace este artículo en la sección de Negocios si lo que hace es una reseña sobre el reloj, las gafas, el carro y el teléfono del sr. Slim? Para seguir, ¿de qué coño de sencillez están hablando si el tipo es dueño de medio México y cuánta empresa de comunicaciones existe (y no me hagan hablar aquí de la opresión e injusticia del capital privado, y la necesaria redistribución de la riqueza, y de la situación mexicana)? Sencilla es mi abuela que no tiene celular.

Pero viene el idiota del periodista que es más anónimo que Sócrates y nos ofrece un repertorio de humildad y humanidad patentes en el reloj, gafas, carro y celular de Slim.

El escritor en cuestión considera que el ciudadano promedio (trabajador, claro, porque el pobre de la calle no es ciudadano promedio porque es un vago asqueroso que sólo sabe chupar y chupar dinero del Estado) tiene suficiente dinero como para comprarse un reloj Swiss Army y unas gafas Oakley valoradas en unos $120. Teniendo en cuenta que el salario mínimo es, promediando, unos $6.50 la hora, el empleado de McDonalds tiene que trabajar, aproximadamente, unas 19 horas para alcanzar a comprarse las gafas. Eso, sin contar los descuentos salariales de seguro social, blah blah blah. Y 19 horas vendiendo Big Macs, son…..19 horas vendiendo Big Macs, nada más y nada menos.

La sencillez para El Nuevo Día se define, evidentemente, cuando una persona que puede comprar un Rolex compra un reloj que sólo es asequible para una clase media. Slim tuvo la delicadeza, hombre de Dios, de no deslumbrarnos y acomplejarnos con unas gafas Prada. Nos evitó la envidia de verlo circular por las calles con carro y chofer particular. Nos obsequió con su presencia de ejectuvo ejemplar que, pudiendo, no quiere y “parece alejarse de la opulencia”.  A todas luces, estamos ante el último sans culotte de la historia.  Un fósil, un objeto de museo.

El que escribe el artículo es un vegestorio mental y representa un anacronismo ideológico. Pensar que eso es sencillez y alejarse de la opulencia es retroceder en el tiempo y tener poca conciencia del desarrollo histórico, económico y político de Occidente (porque ¿qué sé yo de Oriente?).

Si le van a dar tortas a Slim que se las den de Krispy Kreme que, según informan, tienen mucho éxito y seguro que son sencillas… vamos, que son pal pueblo.

Nota: Haga click en el titular para leer el artículo completo. … si puede.

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3 comentarios leave one →
  1. Débora permalink
    06/08/2010 10:58 p08

    El artículo? original hay que leerlo… wow! Nice post! 🙂

    • 06/08/2010 10:58 p08

      Sí, el artículo original no tiene desperdicio. Una joya de la redacción y la mente privilegiada. ¡Gracias, Débora!

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