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SI TIENE LA DESDICHA DE GUIAR DETRÁS DE MÍ (tome nota, le puede salvar la vida)

09/09/2010

Por lo general, el ciudadano promedio que circula por la calle en su auto se hincha de felicidad cuando le tocan los semáforos en verde corridos… uno detrás de otro.  Imagínese guiar por la Ave. Ponce de León y no parar nunca ante una luz roja (o alguien sacando su carro del parking en paralelo, o un tipo cruzando la calle por cualquier parte, o adelantarle al que está esperando el parking en paralelo que se está liberando.  Pero este post va de semáforos).  Fluir por la vía.  ¿No es ese el sueño de todo conductor?

Contrario al cuidadano promedio, detesto los semáforos en verde.  Nada me provoca más ansiedad que una luz verde.  Es más, freno más veces ante un semáforo verde que uno rojo.  Una amenaza vial.

Imagínese:  usted va por la Ave. Ponce de León y va viendo en la distancia el semáforo que se acerca que está verde y piensa “me voy con esta…chillin”.  Pero no.  Para mí eso significa:

Si mantengo la velocidad promedio es posible que justo cuando esté llegando a la intersección, el semáforo se pone amarillo y ahí me entra una indecisión y falta de acción y control que no sé qué hacer.  Podría seguir y me voy en amarillo, siempre con la paranoia de que un policía me está mirando.  Porque, seamos francos, en lo que me decido a seguir o no, se pone rojo.  Se jodió todo.  Podría frenar en seco y esperar pacientemente el próximo cambio de luz, con la paranoia que el de atrás es ciudadano promedio y no se espera esta inútil reacción y me choca por detrás.

La idea es evitar este conflicto a toda costa.  Si veo un semáforo en verde voy frenando de a poco cosa de darle tiempo a ponerse en amarillo y así la luz amarilla no me sorprende guiando a velocidad promedio y el frenazo no es en seco sino moderado y sutil.  Pero ahí viene el otro problema.  ¿Quién en su sano juicio frena cuando ve la luz verde?  Digo, en la escuela te lo enseñaban bien clarito (salvo si eras daltónico): verde seguir; amarillo precaución; rojo pare.  Ciencia infalible y brutalmente sencilla.

Sin embargo, en mi caso, ya desde el semáforo en verde que se acerca, empieza en el auto de atrás el proceso de “cagarse en mi madre” porque voy frenando como conductor de la tercera edad con cataratas y parkinson.  Amenaza autoprovocada (“auto” en todo el sentido de la palabra).  El freneteo constante puede provocar lo que provocaría el cambio súbito a luz amarilla: el choque inevitable; el adelantamiento del otro con su respectivo dedito central en posición vertical sacado por la ventanilla y acompañado de un escatológico comentario.  Conclusión: callejón sin salida.  La luz verde es siempre una luz amarilla.

Yo prefiero las rojas.  Me dan paz.  No hay confusión.  Veo la roja y sonrío.  Todo está en calma.  Reduzco la velocidad y paro.  Espero sin temor.  Todo va bien.

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2 comentarios leave one →
  1. gatuna permalink
    09/09/2010 10:58 p09

    Toma la autopista.

  2. el gran makakikus permalink
    11/09/2010 10:58 p09

    Solución… no respetes las reglas de tránsito, cómete la luz roja que, en el peor de los casos, solamente cuesta un cristiano menos…

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