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PELAMBRERAS

27/11/2010

Hay algo que no soporto: los pelos. No que me gusten los calvos, ni que esté calva, ni que quiera ser calva. Me refiero a los pelos fuera de su respectivo lugar en el cuerpo: los pelos en el piso, los pelos en la almohada, el rollo de pelos en el drenaje de la bañera, los pelos en la comida (aunque me la coma igual, porque me la como igual.. es mayor el amor a la comida que el odio a los pelos)…los pelos sueltos.

Pero dentro del odio a los pelos hay uno que supera a los demás por ser lo más despreciable, deleznable y asqueroso del mundo mundial: el remolino de pelos en el suelo. Explico. El remolino de pelos es un fenómeno que ocurre cuando en un espacio semi cerrado por el cual circula el viento de forma sostenida se conglomeran todos los pelos de la habitación en un rinconcito siguiendo las directrices del viento y forman un remolinito que es como un nido de pelo (al que se le unen demás partículas). Dicho remolino de pelos se mantiene dando vueltas en la misma dirección y va aumentando de tamaño según el viento va juntando más mierda para agrandarlo. Una cosa semajante, para que se hagan una idea, es la bolsa de supermercado que da vueltas en el mismo eje, junto con las hojas secas, en la carretera que, por cierto, no es the most beautiful thing“. 

Pues lo de los pelos es lo mismo que lo de la bolsa pero en escala pequeña porque ocupa sólo un minúsculo pedacito de suelo. Pero ese minúsculo pedacito es suficiente para irritarme bastante.

El otro día estaba en la Universidad trabajando, tirada en el piso de la nueva Facultad de Generales. A mi derecha: la pared al fondo; a mi izquierda: un espacio abierto que dejaba entrar toda la brisa y toda la naturaleza. Como no sé mucho de ciencia no puedo explicar cómo pasa exactamente. Pero el vientecito ese de mierda entraba por mi izquierda y creaba como un tornado en mi esquina izquierda lo cual, a su vez, provocaba que absolutamente todos los pelos que los estudiantes, profesores y personal no docente perdieron en su paso por la Facultad, se juntara a mi lado izquierdo. Para colmo, el polvo se le unió a la maraña esa de pelo, creando un “efecto pegamento”. Es decir, el polvo hace que el pelo se mantenga unido y que la cosa esa crezca y crezca.

Yo luché incansablemente contra el remolino porque la cosa es que el maldito se me pegaba cada vez que el viento hacía su recorrido por el pasillo y yo me quería morir del asco. Lo más efectivo hubiese sido salirme de ahí y encontrar otro rincón, pero yo quería ese que tenía enchufe para la compu. Así que opté por apartar el esperpento ese con el zapato pero, claro, el viento cabrón lo traía otra vez. Intenté varias veces y nada. La asquerosidad ganó la batalla. Es verdad que contra la naturaleza no se puede luchar.

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5 comentarios leave one →
  1. Débora permalink
    28/11/2010 10:58 p11

    Excelente! Comparto el sentimiento. No me molestan los pelos cuando están en su respectivos lugares de procedencia, pero cuando se caen y andan por ahí, y se pegan a las camisas, y forman bollitos, y en el cepillo… FÓ!

  2. Débora permalink
    28/11/2010 10:58 p11

    … y a eso tengo que incluir los de las mascotas.

  3. patronio1 permalink
    01/12/2010 10:58 p12

    Lo que pasa es que el pelo es un ser viviente en sus respectivos lugares, y un cadaver fuera de los mismos. al pelo solo le falta hablar. Saludos

    • 02/12/2010 10:58 p12

      hay que ver qué onda con el pelo de los muertos que sigue creciendo… o eso es mentira????

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